LA ESTRATEGIA INSTITUCIONAL: GUIA ORIENTADORA O UN MAL NECESARIO?
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José Vera Garnica
Director Campus Puerto Montt
Universidad de Los Lagos
La estrategia, como plan de acción para alcanzar los objetivos, no es un tema nuevo en el desarrollo de las organizaciones. Desde la década de los ochenta la estrategia ha sido vista como la herramienta de mayor impacto para la toma de decisiones, que permiten posicionar a las organizaciones con verdaderas ventajas competitivas y sostenibles en el largo plazo.
La estrategia, sin embargo, ha sido fuertemente criticada en muchos de sus aspectos, precisamente por el abultamiento de instrumentos que surgieron para los análisis de las condicionantes del medio. Análisis rigurosos que terminaban de hacerse cuando el entorno dinámico y cambiante era otro, perdiendo en consecuencia su validez. Entonces tomó fuerza la idea de culturas organizacionales dinámicas, con capacidades y talentos humanos para tomar decisiones en tiempo real, ello no significa que el análisis no era necesario, sólo que ahora el manejo de información y contextos es propio de las capacidades organizacionales.
Los aspectos relacionados con la dinámica del entorno en todas sus dimensiones, y las capacidades organizacionales, nos señalan en gran medida las condiciones para enfrentar con éxito (o fracaso) el futuro.
Precisamente la comprensión de la importancia de crecer y desarrollarse exitosamente marca el inicio del pensamiento estratégico, nada es estratégico sin una visión clara y compartida por los integrantes de la organización. Esta visión indica el camino y pone énfasis en los factores claves de éxito, pero también ayuda a tener claridad en las capacidades que es necesario cultivar. Asumido esto es más fácil implementar las tareas y señalar a los responsables de cumplir las metas.
Las organizaciones exitosas se destacan precisamente por cumplir (o contar) con muchos de los aspectos señalados. En el otro extremo existen organizaciones de bajo desempeño por no contar con los recursos y capacidades de calidad, sin embargo se jactan de tener su estrategia o plan estratégico.
Nuestra Universidad no está ajena al pensamiento estratégico. Hoy en día asume el desafío de acreditarse en dos aspectos fundamentales: docencia, y gestión institucional. Ello supone contar con una estrategia (visión, recursos y capacidades, plan de acción, compromiso, evaluación de resultados, entre otros aspectos), que bien conducida, le garantizará su éxito futuro. Es aquí donde invito a alumnos y docentes a reflexionar si nuestra universidad es percibida como una institución que asume su desarrollo con visión estratégica; si cuenta con las capacidades para proyectarse con éxito; qué aspectos debe reforzar para ser una universidad “innovadora”; cuáles son o deberían ser sus competencias centrales?. Esta son sólo algunas de las reflexiones para reforzar (o iniciar) un pensamiento estratégico
Junio 6th, 2007
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